Cesó la horrible noche

Santiago Pérez Hernández

8/7/20262 min read

Hace cuatro años escribí un artículo que permaneció fijado en mi perfil de Instagram durante todo este tiempo: "Empezó la horrible noche".

En aquellas líneas advertía sobre el riesgo del populismo, sobre la posibilidad de que proyectos políticos cada vez más radicales alcanzaran el poder y sobre las tensiones que ello podría generar para la institucionalidad, la separación de poderes y las libertades. El paso del tiempo permitió que cada lector sacara sus propias conclusiones. Hoy, con un nuevo panorama político, inevitablemente vuelvo a ese texto.

Desde mi perspectiva, durante estos años vimos un Gobierno que llevó al límite la relación entre los poderes públicos, cuestionó con frecuencia la independencia judicial y promovió transformaciones que deterioraron instituciones como el sistema de salud. Quienes le dieron su voto esperaban una transformación —para mejor—, pero el resultado estuvo lejos de esas expectativas.

También escribí entonces que, de las cenizas que dejaría ese experimento político, probablemente surgiría una derecha renovada. No sé si ese será el mejor camino. La historia enseña que ningún proyecto político posee el monopolio de la virtud y que los excesos suelen incubar nuevos excesos. Pero el cambio democrático, cuando expresa la voluntad popular, siempre merece atención y prudencia antes que triunfalismo.

El título de aquel artículo tomó como origen las palabras con las que comienza nuestro Himno Nacional. Hoy —en sentido contrario— vuelven a adquirir relevancia para muchos colombianos, esta vez no como el comienzo sino el fin de ese oscuro período:

"Cesó la horrible noche
La libertad sublime
Derrama las auroras
De su invencible luz."

Sin embargo, el propio himno nos recuerda, algunas estrofas después, una verdad aún más profunda:

"Más no es completa gloria
Vencer en la batalla,
Que al brazo que combate
Lo anima la verdad.
La independencia sola
El gran clamor no acalla:
Si el sol alumbra a todos
Justicia es libertad."

Esa es, quizá, la enseñanza más importante. Las elecciones nunca representan el final de una historia, sino apenas el comienzo de otra. Ningún gobierno, por el solo hecho de llegar al poder, garantiza la prosperidad ni la justicia. La democracia exige vigilancia permanente, instituciones fuertes y ciudadanos capaces de exigir resultados con el mismo rigor, sin importar quién gobierne. Nada está escrito todavía.

Ahora corresponde reconstruir aquello que que fue debilitado durante los últimos años. Esa tarea no pertenece únicamente a un gobierno ni a un sector político, sino que es responsabilidad de una ciudadanía que no debe renunciar jamás a la libertad, a la justicia y al respeto por las instituciones.

Contacto

Visita mis redes sociales

Email

Hasagotlex@gmail.com solucionesjuridicas@hasagotlex.com

© 2026. Todos los derechos reservados